miércoles 4 de enero de 2012

Segunda Carta de Henry Miller a Brenda Venus







"Y tu cuerpo sigue ondulando sobre mí"

Queridísima Brenda:


     La escena que me viene a la mente se repite con frecuencia. 

Estoy en tu casa mirando tus cuadros. Inmediatamente me ofrecés algo de beber. La bebida se nos sube a la cabeza. Vestís una camisa muy fina y transparente. Por encima del ombligo no llevás absolutamente nada.Tus pechos son espléndidos. Tienes el aire de una bailarina de Degás. Tus piernas son fuertes y hermosas... 
     De repente me lanzo sobre ti y te arranco la camisa. El pelo negro y copioso de tu sexo me pone de inmediato tenso. Hundo tu mano entre tus muslos y advierto que ya estás húmeda. Pareces muy excitada, dispuesta a hacer lo que sea...
No me sorprende. Te conozco desde hace siglos, quiero decir de anteriores encarnaciones. Hemos sido amantes muchas veces. En ocasiones eras prostituta del templo, en la India, en Egipto y en otros países. Siempre eras una mujer para el placer, pero siempre religiosa. Tu religión era siempre el “sexo”, como los actuales practicantes del Tantra. Enseñás a los jóvenes, hombres y mujeres. Para vos es una cuestión artística. Por eso parece ahora que fueras una experta. Sin el menor rubor te acaricias suavemente el coño con la mano derecha. Entonces…con dos dedos de cada mano abrís la hendidura entre tus piernas y me muestras los pequeños labios que tiemblan como un pajarillo. El jugo fluye abundante; tus muslos centellean.  Sin decir una palabra pones la mano en mi pantalòn y empuñás mi pene (el tronco, si lo prefieres). Tus manos tan fuertes, pero delicadas, juegan con él como si fuese un instrumento musical. Estás sofocada e irresistible. Quiero “jugar” inmediatamente, sobre todo cuando pones tu lengua en mi boca. 
Después tu boca empieza a lamer suavemente mi sexo. Es difìcil permanecer en pie. Afortunadamente está cerca el sofá. Caemos sobre él juntos, boca sobre boca, miembro contra coño. Pero todavía no te he penetrado. ¡Qué caliente estás!. Me llenás de besos. Deseo besarte. Estás entregada. Me agarras el pene y te lo ponés entre las piernas. Entra suavemente, lentamente incluso. Tu órgano està deliciosamente formado. Es angosto y profundo. Me retienes como lo haría un dedo. Naturalmente no puedo aguantarme más. Me voy al igual que tú, al mismo tiempo.Permanecemos así durante algunos instantes, entrelazados como serpientes. Trato de librarme pero vos no me lo permitís. Me sujetas con tu poderosa musculatura. Al cabo de un rato advierto movimientos en tu interior. Poco a poco empiezo a hincharme. Ahora alzas las piernas y las colocas sobre mis hombros. Estás totalmente abierta y mojada. No cesas de acabar. Tus ojos se dirigen hacia el techo. Me pedís que continúe, que no me detenga. Me decís, “cógeme, Henry, cojéme!. Metela hasta la manija. ¡Estoy tan caliente!”. Es la primera vez que utilizas ese lenguaje conmigo. Oírte me vuelve loco. “Dios, dame fuerzas, déjame poder”, me digo a mì mismo, “y te besaré eternamente”. No olvides que te estoy contando una fantasía. 
No entiendo de dónde salen las fuerzas para darte tan prolongado placer. Eres insaciable. Haces toda suerte de movimientos y, en ocasiones, gestos que resultan absolutamente delirantes y obscenos. Has perdido la cabeza. Eres sexo y nada mas que sexo. Sabiendo que podrías matarme te apartas de mí para que pueda recobrar el aliento. Pero no cesas de acariciarme, especialmente con la lengua. Y tu cuerpo sigue ondulando sobre mí. ¡Me besas como una posesa!. ¿Y después qué? ¿qué posición?. Soy yo el que te propone que hagamos el amor como los perros......











Fuente: Pájaro al viento, uno de los espacios más coherentes y más singulares de la red, construido todo él sobre los ecos que van dejando las voces de los "otros"...

Querida Brenda, Las cartas de amor de Henry Miller a Brenda Venus.

3 comentarios:

Myriam dijo...

Voy a ser sincera (siempre lo soy) demasiado perfecto para ser verdad. El autor reconoce que es producto de su imaginación, se ve que se esmeró en los detalles de la evocación, faltó la poesía, parece un manual. Un momento como ese merece ser reescrito, pienso que a ti te quedaría mejor, por el poeta que eres.

La primera foto de Brenda es bellísima, bien por el fotógrafo.

María dijo...

En un momento así, la poesía está en la pasión, en la pérdida de la cordura para sumergirse en el placer... En el lenguaje de los cuerpos que se buscan y se aman.
Un beso, Carlos.

Myriam dijo...

Yo no dije que el acto del amor careciera de poesía, sino que en las palabras de Miller faltó la poesía. Antes bien, veo en "hacer el amor" un acto que confluye en la sinfonía universal. Y en Miller es producto de su imaginación, que al parecer nunca se vivió entre ellos. La sensualidad en la palabra bien merece un lenguaje poético.