martes, 9 de octubre de 2012

Carta de Ryūnosuke Akutagawa a un amigo, escrita antes de suicidarse


Ryunosuke Akutagawa



El mundo en el que estoy ahora es uno de enfermedades nerviosas, lúcido y frío. La muerte voluntaria debe darnos paz, si no felicidad. Ahora que estoy listo, encuentro la naturaleza mas hermosa que nunca, paradójico como suene. Yo he visto, amado, entendido mas que otros, en ésto tengo cierto grado de satisfacción, a pesar de todo el dolor que hasta aquí he soportado.






Probablemente nadie que intente el suicidio, como Reigner muestra en uno de sus cuentos, tiene clara conciencia de todos sus motivos. Los cuales generalmente son muy complejos. Por lo menos en mi caso está impulsado por una vaga sensación de ansiedad, una vaga sensación de ansiedad sobre mi propio futuro.
     Aproximadamente en los últimos dos años, he pensado solo en la muerte, y con especial interés he leido un relato que trata sobre este proceso. Mientras el autor se refiere a ésto en términos abstractos, yo seré lo mas concreto que pueda, incluso hasta el punto de sonar inhumano. En este punto yo estoy moralmente obligado a ser honesto. En cuanto al vago sentido de ansiedad respecto de mi futuro, creo que lo he analizado por completo en mi relato La vida de un loco, excepto por el factor social, llamemoslo la sombra del feudalismo, proyectada sobre mi vida. Esto lo omití a propósito, al no tener la certeza de poder clarificar realmente el contexto social en el cual viví.
     Una vez tomada la decisión de suicidarme (yo no lo veo en la forma en que lo ven los occidentales, es decir como un pecado) me resolví por la forma menos dolorosa de llevarlo a cabo. Excluí, por razones prácticas y estéticas, la posibilidad de ahorcarme, dispararme un tiro, saltar al vacio u otras formas de suicidio. El uso de drogas me pareció el camino mas satisfactorio. Y por el lugar, tendría que ser mi propia casa, cualquiera sean los inconvenientes para mi familia. Como una suerte de trampolín, al igual que Kleist y Racine, pensé en la compañia de una amante o un amigo, pero habiendo elevado la autoconfianza, decidí seguir adelante solo. Y la última cosa a considerar, fue asegurarme una perfecta ejecución, sin el conocimiento de mi familia. Después de unos meses de preparación me convencí de la posibilidad de realizarlo.
     Nosotros los humanos, siendo animales humanos, tenemos un miedo animal a la muerte, la así llamada vitalidad no es otra cosa que fuerza animal. Yo mismo soy uno de esos animales humanos. Mi sistema parece gradualmente haberse liberado de esa fuerza animal, teniendo en cuenta el poco interés que me queda por el alimento y las mujeres. El mundo en el que estoy ahora es uno de enfermedades nerviosas, lúcido y frío. La muerte voluntaria debe darnos paz, si no felicidad. Ahora que estoy listo, encuentro la naturaleza mas hermosa que nunca, paradójico como suene. Yo he visto, amado, entendido mas que otros, en ésto tengo cierto grado de satisfacción, a pesar de todo el dolor que hasta aquí he soportado.

  P.S: Leyendo la vida de Empédocles, me dí cuenta de cuán antiguo es el deseo de uno de convertirse en Dios. Esta carta, en cuanto a mi concierne, no intenta esto. Por el contrario, yo me considero uno de los hombres mas comunes. Tú debés recordar esos días, veinte años atrás, cuando discutimos "Empédocles sobre el Etna" bajo los árboles de tilo. En esos tiempos yo era uno de los que deseaba convertirse en Dios.







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En 1927, antes de suicidarse ingiriendo veronal, Akutagawa le escribió esta carta a un amigo cuyo nombre desconozco. Akutagawa es uno de los máximos exponentes de la literatura japonesa. A los pocos años de su nacimiento (1892) muere su madre por un cuadro de psicosis. Hacia 1926 el escritor enfermó gravemente y padecería continuas crisis nerviosas, alucinaciones y depresión. 

9 comentarios:

Begoña Eguiluz dijo...

¡Qué lúcido y sereno suena! y qué misterioso...
Me es difícil referirme al tema del suicidio quizá porque mantengo muchísima de esa esta carta se alude... aunque no, quizá no sea eso, quizá se trate de que aún puedo disfrutar de la naturaleza sin ansiedad, sin esa anómala lucidez que es fruto justamente de la enfermedad y los momentos "límite".
Tal vez justamente por lo mucho que valoro esa vida que fluye con cierta plenitud y donaire, puedo entender a quien decide dejarla en el punto de lo que por la más personalísima razón, se le ha convertido en insoportable.
Es una decisión que merece respeto aunque duela.

Rembrandt dijo...

Da la impresión que tanto en Akutagawa, como Mishima , Kawabata y quizás otro que por ahí estoy olvidando, la infancia y su soledad marcaron el destino de estos escritores. Pareciera una constante, no?
Quizás tbn tenga que ver la cultura oriental , tan distinta a la nuestra, no hablo de valoraciones sino de sus diferencias.

Lamentablemente no es mucho lo que conozco de R.A., sí que Akira Kurosawa nos hizo conocer parte de su literatura en Rashomon.
De todas maneras me quedará como una asignatura pendiente, que espero poder cumplir pronto.

Te beso y excelente post como siempre. Aunque tardío , pero no menos válido , mis mejores deseos para vos.

REM

Mariano dijo...

Como bien dice Rem, los que somos ignorantes en sus obras supimos apreciar la proyección de Akira Kurosawa. Ahora... por que muchos de los soñadores y grandes cerebros de nuestra raza llegan a una encrucijada que los hace tomar este tipo de decisiones?

Cartas en la noche dijo...

La verdad es que sorprende la lista y la entidad de los autores que decidieron quitarse, por una u otra razón, la vida. Desde el punto de vista literario, esa circunstancia no los hace mejores, ni más sabios ni más originales, y debe tomarse -a mi juicio- como una manifestación más de una peripecia vital intransferible y única. Suelo decir que lo que hace especial a Paul Celan, por ejemplo, no es que se arrojase por el puente Mirabeaux, sino el haber sobrevivido a la catástrofe judía. Lo que sí me asombra en lo que toca a Akutagawa es su forma meditada y consciente de preparar el propio morir, y -sobre todo- el modo desdramatizado de afrontarlo, y que es tan característico de la cultura japonesa. En todo caso, no será el único escritor suicida que estará en este bosque epistolar, pero no lo será por esa razón, sino por haber construido un mundo único a través de su literatura...

Myriam dijo...

Personalmente creo que la mayoría de los suicidas arrastran cuadros de depresión, u otras enfermedades psiquiátricas. Es que encuentro la naturaleza y la vida misma demasiado hermosa, a pesar de las nubes negras, que no puedo imaginarme renunciar voluntariamente a ellas. Pero me traen las historias de artistas y entre ellos, escritores, principalmente poetas, que han tomado esa determinación, en un afán no de morbo sino de querer escudriñar el alma humana. Tampoco con un interés de laboratorio, sino porque la mente y la voluntad, los motivos, las emociones, los sentimientos, son humanos... "Homo sum, humani nihil a me alienum puto / 'soy humano, nada de lo humano me es ajeno." (Publio Terencio Africano, 165 a.C.)
Como tú dices Carlos, el que toma una decisión como esa, está pasando por un trance vital único y digno de la más respetuosa empatía, en la medida de nuestras limitaciones. Me parece que te conté de un ex-compañero de trabajo, músico, que pasó por esto. Deja un vacío tan grande, por no haber estado cerca.

Toni Correa dijo...

Conmovedor testimonio

Carlos Morales dijo...

En el mundo interior de los escritores que decidieron quitarse la vida antes de su hora, esta es especialmente significativa de la postura de quienes ven en la muerte una elección personal que ha de desdramatizarse. Esa es, en general, la forma de entender las cosas de los hombres y mujeres de la cultura oriental.

Antonia Toscano dijo...

La noche... las cartas y la calma en momentos angustiosos que puede dar la sola opción de la muerte.

Mercedes Ridocci dijo...

Pienso que el suicidio meditado, no el provocado por un impulso incontrolado, es una coherente y digna opción.
Inteligente reflexión la que nos muestra esta carta. Resalto este fragmento:
" Nosotros los humanos, siendo animales humanos, tenemos un miedo animal a la muerte, la así llamada vitalidad no es otra cosa que fuerza animal. Yo mismo soy uno de esos animales humanos. Mi sistema parece gradualmente haberse liberado de esa fuerza animal, teniendo en cuenta el poco interés que me queda por el alimento y las mujeres. El mundo en el que estoy ahora es uno de enfermedades nerviosas, lúcido y frío. La muerte voluntaria debe darnos paz, si no felicidad. Ahora que estoy listo, encuentro la naturaleza mas hermosa que nunca, paradójico como suene. Yo he visto, amado, entendido mas que otros, en ésto tengo cierto grado de satisfacción, a pesar de todo el dolor que hasta aquí he soportado."