jueves, 17 de diciembre de 2009

Dos cartas tumultuosas de Henry Miller a Anaïs Nin



«... Ayer pensé en ti, en cómo ciñes las piernas en torno a mí, de pie, en cómo se tambalea la habitación, en cómo caigo sobre ti en la oscuridad sin saber nada...»

Queridísima Anain:


Terriblemente, terriblemente vivo, afligido, absolutamente consciente de que te necesito. He de verte, te veo brillante y maravillosa y al mismo tiempo le he escrito a June y me siento desgarrado, pero tú lo entenderás, debes entenderlo. Anais, no te apartes de mí. me envuelves como una llama brillante. Anais, por Dios, si supieras lo que siento en este momento. Quiero conocerte mejor. Te quiero. Te quise cuando viniste a sentarte en mi cama -esa segunda tarde fue toda como una cálida neblina- y de nuevo oigo cómo pronuncias mi nombre, con ese extraño acento tuyo. Despiertas en mí tal mezcla de sentimientos que no sé cómo acercarme a ti. Ven a mí, aproxímate a mí, será de lo más hermoso, te lo prometo. No sabes cuánto me gusta tu franqueza, es casi humildad. Sería incapaz de oponerme a ella. Esta noche he pensado que debería estar casado con una mujer como tú. O es que el amor, al principio inspira siempre esos pensamientos?. No temo que quieras herirme. Veo que tú también posees fuerza, de distinto orden, más escurridiza. No, no te romperás. Dije muchas tonterias sobre tu fragilidad. Siempre he sentido un poco de vergüenza, pero la última vez menos. Acabará desapareciendo toda.


June


Tienes un sentido del humor delicioso; lo adoro. Quiero verte reir siempre. Te lo mereces. He pensado en sitios a donde deberíamos ir juntos, sitios oscuros, aquí y allí, en París, por el simple hecho de decir "aquí vine con Anaïs", "aquí comimos, bailamos o nos emborrachamos juntos".
Ay!, verte borracha alguna vez, qué privilegio!, casi me da miedo de proponértelo
; pero Anais, cuando pienso cómo aprietas contra mí, cuán ansiosamente abres las piernas y qué humeda estás, Dios, me vuelvo loco de pensar en cómo serías cuando todo se disuelve. Ayer pensé en ti, en cómo ciñes las piernas en torno a mí, de pie, en cómo se tambalea la habitación, en cómo caigo sobre ti en la oscuridad sin saber nada. Y me estremecí y gemí de placer.
Pienso que si he de pasar todo el fin de semana sin verte, resultará intolerable. Si es preciso, iré a Versailles el domingo - lo que sea, pero he de verte. No temas tratarme con frialdad. Me bastará con estar cerca de ti, con mirarte admirado. Te quiero, eso es todo.






 




(Esta carta fue remitida a Anaïs por Henry Miller cuando éste todavía no era un fenómeno editorial)



***





«... Es hermoso amar y ser libre al mismo tiempo....»


Anaïs Nin
Quiero decir que no puedo ser absolutamente leal, no está dentro de lo que soy capaz. Me gustan las mujeres, o la vida, demasiado… No sé cual de las dos cosas. Pero ríe, Anaïs. Me encantaría oírte reír. Eres la única mujer que tiene un sentido de la alegría, una sabia tolerancia; no, es más, parece que me instas a que te traicione. Por eso te amo. Y ¿qué es lo que te lleva a hacer eso, el amor? Es hermoso amar y ser libre al mismo tiempo.
No sé lo que espero de ti, pero es algo parecido a un milagro. Te voy a exigir todo, hasta lo imposible, porque me animas a ello. Eres realmente fuerte. Me gusta incluso tu engaño, tu traición. Me parece aristocrático (¿suena inapropiada la palabra aristocrático en mi boca?).
Sí, Anaïs, pensaba en como traicionarte, pero no puedo. Te deseo. Quiero desnudarte, vulgarizarte un poco… no sé, ay, lo que me digo. Estoy un poco bebido porque tú no te encuentras aquí. Me gustaría dar una palmada y Voilà, ¡Anaïs! Quiero que seas mía, usarte, follarte, enseñarte cosas. No, no siento aprecio por ti, ¡no lo permita Dios! Tal vez quiera hasta humillarte un poco, ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué no me arrodillo ante ti y te adoro? No puedo, te amo alegremente ¿Te gusta eso? Y querida Anaïs, soy tantas cosas. Ves solamente las cosas buenas ahora, o al menos eso es lo que me haces creer. Quiero tenerte al menos un día entero conmigo. Quiero ir a sitios contigo, poseerte. No sabes lo insaciable que soy, ni lo miserable, además de egoísta.
Me he portado bien contigo. Pero te advierto, no soy ningún ángel. Pienso principalmente que estoy un poco borracho. Me voy a la cama; resulta demasiado doloroso permanecer despierto. Soy insaciable. Te pediré que hagas lo imposible. No sé lo que es. Probablemente tú me lo dirás. Eres más rápida que yo. Me encanta tu coño, Anaïs, me vuelve loco. Y tu manera de pronunciar mi nombre. ¡Dios mío, parece irreal! Escucha, estoy muy ebrio. No soporto estar aquí solo. Te necesito. ¿Puedo pedírtelo todo? Puedo ¿Verdad? Ven enseguida y fóllame. Descarga conmigo.
Rodéame con las piernas. Caliéntame...



Fuente:  
Henry y June. Anaïs Nin 
(Diario íntimo)





CARTAS A ANAIS NIN

Dos cartas tumultuosas de Henry Miller a Anaïs Nin

Carta de despedida de Henry Miller a Anaïs Nin


CARTAS A BRENDA VENUS

Primera carta de Henry Miller a Brenda Venus...

Segunda Carta de Henry Miller a Brenda Venus

Tercera carta de Henry Miller a Brenda Venus

Carta cuarta de Henry Miller a Brenda Venus

Quinta carta de Henry Miller a Brenda Venus

 




Otras



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6 comentarios:

Glup2.O dijo...

D. Carlos, vamos a ver, ¿qué ocurre desde el sábado 1 de diciembre de 2007 al jueves 17 de diciembre de 2009?, una invasión de silencio, de las Cartas en la noche que recopilas y compartes, dadivoso coleccionista de bellezas ajenas, ahora nuestras, prodigios de la comunicación plenas de ternura, o pasión, o miedo, celos, distancia, cercanía, yo qué sé, un lujo.
Y vas tú y te callas, tanto tiempo, ya te vale. No hay excusa, tu edad no es excusa (por cierto, eres un carroza sin remedio, chaval), la locura, sí, la locura que nos lleve del cielo al infierno, y viceversa. Cada uno dice lo que dice, también lo que el otro lee. Te he leído. Te dejo ahora, lo siento, se me han desclavado las puertas y con este frío entra el viento y me muerde los huesos del alma. Uy. Un abrazo.

Rembrandt dijo...

Carlos,
es un placer volver a leerte otra vez "aquí" y que además hayas elegido a Henry Miller y Anaïs Nin -a quienes admiro profundamente- para este regreso me ha dado mucha alegría.
Tbn en su momento publiqué posts de cada uno de ellos.

Agradezco tus comentarios y sugerencias que viniendo de ti valoro mucho.
Al respecto te comento algo, cuando voy a publicar lo primero que hago es elegir el tema -que no es poco- , luego comienza la búsqueda de lo que voy a poner en el post, lo que me significa muchísimo tiempo de lectura y ……mejor no te cuento más xq corro el riesgo de aburrirte , je!

Había leído la carta de Córtazar a Filisberto Hernández, fue por ella que hace un tiempo descubrí este sitio que me encantó . Que bueno que lo hayas retomado nuevamente, tus lectores felices , viste?

Besos y voy hacia arriba
REM

Carlos de la Fé dijo...

Esta(s) carta(s) de Miller a Nin es de las mejores expresiones de sentimientos que he leído jamás. No entiendo por qué no escribía igual en sus libros. No creo decir ninguna barbaridad cuando opino que Anïs era mucho mejor escritora de Miller.

Gracias, Carlos, por esto, por todo.

PERSA dijo...

ANAÏS-HENRY

Qué bueno es lo intenso, lo honesto, el volar en aquellas latitudes necesariamente profundas y efervescentes. Que buena es la pasión que hace que la vida valga la pena.

Anónimo dijo...

Es real qué la PASIÓN hace que la vida valga la pena,Carlos, como dice "Persa", entonces quienes viven sin pasión, viven la vida sin valor.
Se trata de detenerse a pensar y no escribir por escribir. . .lo intenso. . .lo honesto?. . .
Apréndamos a saber leer, antes de expresar y no decir tonterías.

Anouk A. dijo...

Yo creo que nunca he leído cartas mejores que las de Henry Miller a Anaïs, me llevan a la muerte!....!!!!