martes, 18 de septiembre de 2012

Carta de Adolfo Bioy Casares a Elena Garro


 

"Ayer, cuando me dormía, así te vi y te oí de pronto: desperté sobresaltado y quedé muy acongojado, pensando en ti con mucha ternura y también en mí y en cómo vamos perdiéndolo todo".... 




Mi querida



Aquí estoy recorriendo desorientado las tristes galerías del barco y no volví a Víctor Hugo. Sin embargo, te quiero más que a nadie... Desconsolado canto, fuera de tono, Juan Charrasqueado (pensando que no merezco esa letra, que no soy buen gallo, ni siquiera parrandero y jugador) y visito de vez en vez tu fotografía y tu firma en el pasaporte. Extraño las tardes de Víctor Hugo, el té de las seis y con adoración a Helena. Has poblado tanto mi vida en estos tiempos que si cierro los ojos y no pienso en nada aparecen tu imagen y tu voz. Ayer, cuando me dormía, así te vi y te oí de pronto: desperté sobresaltado y quedé muy acongojado, pensando en ti con mucha ternura y también en mí y en cómo vamos perdiendo todo....
Elena Garro, bellísima.

Te digo esto y en seguida me asusto: en los últimos días estuviste no solamente muy tierna conmigo sino también benévola e indulgente, pero no debo irritarte con melancolía; de todos modos cuando abra el sobre de tu carta (espero, por favor que me escribas) temblaré un poco. Ojalá que no me escribas diciéndome que todo se acabó y que es inútil seguir la correspondencia... Tú sabes que hay muchas cosas que no hicimos y que nos gustaría hacer juntos. Además, recuerda lo bien que nos entendemos cuando estamos juntos... recuerda cómo nos hemos divertido, cómo nos queremos. Y si a veces me pongo un poco sentimental, no te enojes demasiado... 
Me gustaría ser más inteligente o más certero, escribirte cartas maravillosas. Debo resignarme a conjugar el verbo amar, a repetir por milésima vez que nunca quise a nadie como te quiero a ti, que te admiro, que te respeto, que me gustas, que me diviertes, que me emocionas, que te adoro. Que el mundo sin ti, que ahora me toca, me deprime y que sería muy desdichado de no encontrarnos en el futuro. 
Te beso, mi amor, te pido perdón por mis necedades.


Adolfo



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6 comentarios:

Begoña Eguiluz dijo...

¡Qué melancólica es esta carta!...tal vez ese tono un poco quejoso, un poco sentimental, así como en sordina...
Una adivina el miedo a quedarse solo, deshabitado en esa congoja pequeñita que despierta el recuerdo cuando se está lejos ya...

Ella parece ser "formidable" una mujer a quien no le gustan demasiado las actitudes sentimentales y además, si la foto que acompaña el texto le pertenece, es preciosa!!
¿Cómo les fue?

Isabel Martínez Barquero dijo...

Es realmente preciosa, Carlos. No la conocía y me sorprende esta escritura tan entregada y sensitiva en Borges, tan cerebral él en sus escritos.
Me ha gustado, sobre todo, porque nos descubre al hombre que palpita, al hombre que ama, al hombre cálido.
Un abrazo agradecido.

Maria dijo...

Tierna. Se palpa el cariño y el miedo a un final no deseado. Es melancólica, es cercana. Un amor que se confiesa tal cual, sin artificios, sin vergüenza.
Me gusta mucho su claridad, el lenguaje sencillo, la declaración de amor y necesidad sin recurrir a grandes ornamentos lingüísticos.
Gracias Carlos por compartirla.
Un abrazo.

Cartas en la noche dijo...

Reaalmente era hermosa Elena Garro, cuya relación con el gran Bioy Casares no sé todavía en qué ni como acabó, si es que acabó en este mundo. La presentación en Barcelona de Una habitación en rojo, de Juan Ramón Mansilla, me tiene muy atado a los segundos y no he podido ocuparme de ese extremo. Pero lo que me asombra es, como dice María, la sencillez que el gran maestro emplea en esta hermosísima carta de amor, donde casi se pone al mismo nivel de una camisa que sabe que va a ser planchada por una mano querida, pero ajena a sí mismo, de quien parece ingorar cuál será su reacciíon ante algo que no sabemos, salvo la sensación de culpa quer el pro9pio maestro tiene, y que no es Borges: lo digo por ese puntual extravío de Isabel, cuyas admirables percepciones sigo con frecuencia en su propio espcio. Gracias a todo, con el corazón en la mano...

Anónimo dijo...

La humildad con que escribe: "Debo resignarme a conjugar el verbo amar..." como quien dibuja con la mirada, con la caricia... el contorno del ser amado mientras vela su descanso.
Hermosa, muy hermosa carta.
Un abrazo.

Isabel Martínez Barquero dijo...

Vuelvo y me avergüenzo, estimado Carlos, pues puse Borges, cuando es Bioy Casares. El subconsciente me debió jugar una mala pasada, por eso de que siempre asocio a Bioy Casares con Borges (eran tan amigos). Pero te aseguro que supe que era Bioy y se me produjo un "lapsus calami". Entono el "mea culpa" y pido disculpas por el fallo.
Un abrazo fuerte.