viernes, 17 de junio de 2011

Cartas de René Letona a Antonio Brañas








"la vida no responde con la voz que querríamos oír y, a veces, es sólo un silencio"

                                      

Madrid, 3 de febrero de 1990




Querido Antonio:

  … El caso, Antonio, es que la vida no responde con la voz que querríamos oír y, a veces, es sólo un silencio: un silencio de muerto o agonizante que no termina de morir. Así me ha resultado y así tengo que padecerlo. (…) …aparte es un escritor que quiere hacerse libremente, que de modo pertinaz ansía retirar los límites con que pretenden constreñirle, ahogarle  y  anularle, y aparte son ésos que se pliegan al escalafón, que prefieren, de cualquier manera, los sitios del retículo que la sociedad les destina. (…) No quieren darse cuenta que no corresponde al proceso de una Cultura modernamente entendida, que la burocratización cultural –de Juegos florales, de ediciones oficiales, de actos y celebraciones ceremoniosas–, es  sólo eso:  burocratización, y no Cultura de la que puedan ufanarse, es decir, lucidez de ideas, frente amplia, clara y libre, no dispuesta a inclinarse ni ser rebajada. Y no significa que apueste yo por un romanticismo cultural: son los escritores e intelectuales centroamericanos los que confunden el patronazgo oficial y empresarial de sus sociedades con las función moderna de un Estado de Bienestar, cuya obligación es proteger la Cultura y dar un sitio digno a los escritores, artistas e intelectuales en general.  (Si  digo empresarial, es porque ahora empieza: ¿quieren que se fomente la Cultura en Centroamérica? Estamos dispuestos a ayudarles  –dicen los empresarios. ¡Y a frotarse las manos!).
  Para mí ni la historia  de la literatura ni la crítica literaria son oficios académicos, cuadrículas que hay que rellenar, como los son para mis coetáneos. (…) Su manera de desplegarlas obedece a otros designios que no tienen que ver con la domesticación filológica-explicativa de los procesos literarios, sociales y culturales de la “nacionalidad”. (…) …así como a los dieciocho o veinte años de edad comprendí estas complicaciones, aunque no supiera darles razones concretas, pronto comprendí que la literatura, y en general la Cultura, no podían vivir sin una relación constante con el mundo y la vida. No entiendo el escribir sin una confrontación. 





 ***

Madrid, 28 de abril de 1990.




Estimadísimo Antonio:
   
      La carta que escribo es la última sobre estos asuntos. No tema, por tanto, y lea confiado, que no habrá más cartas de marear para borrascas públicas o privadas. Es tiempo ya de que tome yo de mis propias medicinas.
      Carlos Fuentes en más de una entrevista ha dicho hace unos días, en Madrid, que la intervención constante de los escritores latinoamericanos en las cuestiones políticas se debe a una "debilidad de las sociedades civiles", al escaso peso específico de ellas en sus respectivos países. Si ésta puede ser una explicación, no creo que sea la más completa. En Latinoamérica, las tradiciones de la alta cultura deben mucho al origen de una Cultura que estuvo integrada en la esfera de acción político-administrativa de los tiempos coloniales y que, por tanto, tenía su finalidad fuera de sí misma. En ello está su pecado y su penitencia. La posición de los escritores se encuadra y determina dentro de esa circunstancia
condicionante. Esto parece ser cierto, al menos para el área centroamericana.
       De mí le diré que como escritor tengo los caminos cegados... Escribir para el olvido es tónico que aprendí a beber hace mucho. Como decía en 1892 el crítico idiota de la Athlantic Monthly, Bayley Aldrich, sobre Miss Emily Dickinson: su vecindad sería el olvido.  ¿Es una suerte? Ni siquiera vecino, sólo mi destinatario. Y ya lo es.
       Un apretón de manos, hasta siempre,
                                                                                        
                                                                                                                                                                              René.

PD: Madrid, 27 de julio. Como verá por la fecha, he dudado en enviarle esta carta. Si algo le molesta de ella, discúlpeme y piense que, como decía Ausias March, y es mi mejor defensa, en tot fet hagué lo cor salvatge: en todo he puesto mi salvaje corazón.





***



Escritas y fechadas en Madrid entre febrero y abril de 1990, estás fueron las dos últimas cartas que el poeta guatemalteco René Letona escribió al ya venerable poeta y compatriota Antonio Brañas (1919-1998) antes de que la muerte sorprendiera a éste en Escuintla. Ambos estuvieron estrechamente unidos desde que se conocieron a comienzos de los años setenta, cuando Brañas era ya un poeta reconocido y en plena madurez. La correspondencia entre ambos se inició en 1974 y culminó en los años 90. 

Antonio Brañas (del que hemos recogido un retrato a pluma realizado por Carlos Castaneda) nació en Antigua Guatemala en 1919 y murió en la villa de Escuintla en 1998. Publicó su primer libro de poemas, Isla en mis anos, en 1958, al que siguieron un segundo poemario, Transportes y mudanzas, en 1967, y un tercero, Acceso, en 1972. Su obra completa se editó en 1999 con el título La palabra justa.
El poeta, ensayista y traductor René Letona nació en Guatemala en 1951, aunque vive en España desde  1976. Es Doctor en  Filología Hispánica por Universidad Complutense de Madrid. Su tesis de doctorado, aún inédita, versa sobre la obra en prosa de Gabriela Mistral. Trabajó como profesor ayudante en la Facultad de Letras de la Universidad de Valladolid donde efectuó estudios de Licenciatura en  Filología Hispánica. Fue fundador, junto a Ramiro Lagos, del Centro de Estudios Poéticos Hispánicos que dirige actualmente el catedrático -y también poeta de El toro de barro-, Octavio Uña Juárez. Es director de Hartz - Revista digital española de poesía. Ha publicado: Ocho poetas hispanoamericanos en Madrid (1986), Doce en punto (1992), Fragmentos y monólogos (1999), además de artículos, ensayos y poemas en periódicos y revistas de España y América.































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