sábado, 9 de marzo de 2013

«Carta a su esposa de un soldado británico en la Primera Guerra Mundial»




“Oh Señor, si alguna vez alguien tuvo miedo, absolutamente aterrorizado, a la muerte, ese alguien era el muchacho que yo soy. He perdido prácticamente todo el patriotismo que me quedaba.  todo el mundo está totalmente harto y a nadie le importa un rábano. Lo único que cada uno quiere es acabar con esto e irse a casa. Ésta es honestamente toda la verdad.”




2 de mayo de 1918


Cariño mio


Ahora, si no hay problemas, vas a saber todo sobre lo que pasa aquí. Sé que te llevarás una gran sorpresa cuando te llegue esta carta (espero que te llegue sin contratiempos). ¡Si alguna autoridad la ve...! Claro, tú has supuesto bien dónde tendría mi primera experiencia en la línea. Sí, fue en el saliente de Yprès... Oh!, el de aquella noche fue un encantador "bautizo de fuego". Teníamos que excavar y temprano en la mañana comenzó el ametrallamiento. Oh Señor, si alguna vez alguien tuvo miedo, absolutamente aterrorizado, a la muerte, ese alguien era el muchacho que yo soy. Uno de mi sección se asustó al ver una granada caer a dos metros de nuestra trinchera justo cuando alguien con instinto de líder iba hacia una cima; yo, sin embargo, me quedé quieto como una roca: éramos doce hombres cuando entramos en combate; salí con tres... Oh! Eso fue horrible.


Supongo que te gustará saber como está aquí el ánimo de los hombres. Bien, la verdad es que (y como te dije antes, me fusilarán si alguien de importancia coge esta misiva) todo el mundo está totalmente harto y a nadie le queda ya nada de lo que se conoce como patriotismo. A nadie le importa un rábano si Alemania tendrá Alsacia, o si la tendrá Bélgica o Francia. Lo único que cada uno quiere es acabar con esto e irse a casa. Ésta es honestamente la verdad, y cualquiera que haya estado aquí en los últimos meses te dirá lo mismo. De hecho, y esto no es una exageración, la mayor esperanza de la gran mayoría de los hombres es que los disturbios y las protestas en casa obliguen al gobierno a acabar con esto como sea. Ahora ya sabes el real estado de la situación.

Yo también puedo añadir que he perdido prácticamente todo el patriotismo que me quedaba, sólo me queda pensar en los que estáis allí, en todos a los que amo y que confiáis en mí para que haga el esfuerzo que sea necesario para vuestra seguridad y vuestra libertad. Esto es lo único que me mantiene y me da fuerzas para soportarlo todo. En cuanto a la religión, que Dios me perdone, no ocupa ni uno entre un millón de todos los pensamientos que cada hora inundan la mente de los hombres. 



Dios te bendiga, cariño, y a todos los que amo y me aman, porque sin su amor y confianza, desfallecería y fracasaría. Pero no te preocupes corazón mío porque seguiré hasta el final, así este sea amargo o dulce, con el amor siempre como mi primer pensamiento y cuidado, mi guía inspiradora y mi aliciente.
Au revoir mi amor, y que Dios te mantenga segura hasta que amaine la tormenta, con el amor más profundo de todo mi corazón. Tu amor,



Laurie


 





Muchos soldados alemanes escribieron cartas a sus familiares y amigos durante el largo y trágico asedio de Stalingrado, en las que relataban las condiciones dantescas en las que vivían y su premonición de una muerte cercana.Cuando el último avión despegó de la ciudad en enero de 1943, llevaba siete enormes sacas de cartas que nunca fueron entregadas, porque rezumaban desmoralización y críticas al Reich. Todas ellas aparecieron después, en 1954, y fueron publicadas en 1958 por Einaudi en el volumen Cartas desde Stalingrado. Volvió a hacerse otra edición en 1963, Las últimas cartas de Stalingrado, a cargo de la editorial Destino. La carta que editamos ha sido recogida del blog Cartas desde el frente. Y las hemos ilustrado con Imágines de la segunda guerra mundial.




Grandes Obras de 
El Toro de Barro

 
 PVP 8 euros
edicioneseltorodebarro@yahoo.es

  llegar limpia de nombres
a tu nombre
sin gestos del pasado
ni voces que reclamen
como recién nacida
que viera por vez primera
a alguien
que no fuera su madre
sin ecos reconocibles
y poder nombrar nuestra mirada
con palabras nuevas
que contengan
la profundidad

del primer día sobre la tierra

Otros poemas de



 

 

   
















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