martes, 9 de agosto de 2011

Carta de Luis María Ansón a Mario Vargas Llosa



Querido Mario:
Eres el intelectual en español más influyente del mundo. Eso lo escribí antes del Nobel de Literatura. Y aunque los premios son solo los sonajeros del escritor, está claro que los académicos suecos han robustecido la influencia que, con permiso de Patricia, ejerces en los cinco continentes a favor de la libertad y la honradez política.
Estuviste siempre contra la dictadura. Zurraste sin piedad a Pinochet, desenmascarando sus manejos subterráneos. Denunciaste a la vez, como Octavio Paz, el fondo real de la tiranía de Fidel Castro. Y te has enfrentado con dictadores del más vario pelaje político. Tuviste además el valor de basurear a esos intelectuales progresistas de salón, que condenaban a Pinochet pero ensalzaban a Castro. Te han abofeteado en no pocos sitios por tu independencia frente a lo que durante muchos años establecía, como políticamente incorrecto, el sectarismo soviético internacional. Despreciaste olímpicamente a las ovejas merinas que, al decir de Ortega y Gasset, se dedican a balar siempre tras el carnero adalid. Supiste mantenerte impávido ante la palabra estevada y el ademán letrinal y alzaste tu voz por encima de vertederos totalitarios, comunistas o fascistas.
Y, claro, has escrito el mejor artículo político –Retorno a la dictadura, no– que he leído en los últimos años. Eliminados los candidatos más razonables, tus compatriotas se debaten entre dos males que les solicitan: la incertidumbre de Ollanta Humala o el riesgo dictatorial de Keiko Fujimori. La honradez intelectual te ha llevado a apoyar al candidato izquierdista con el que se puede salvar la libertad si los peruanos consiguen alinearle junto al chileno Lagos, el brasileño Lula o el uruguayo Mujica. Se trata de una apuesta arriesgada, pero es la única que puede resguardar en el Perú la libertad recuperada.
Tu apuesta por Humala tiene mucho riesgo. Pero el riesgo con la hija de Fujimori sería mayor. Keiko significa “legitimar el régimen que envileció la política y sembró la violencia en nuestro país”. La democracia peruana solo tiene diez años. Está demasiado tierna y no puede caer en la desmemoria. El retorno del fujimorismo la haría trizas. Me has convencido, querido Mario, tienes razón. Tú sabes el cariño profundo que siento por el Perú y la admiración que me suscitan sus intelectuales y el pueblo de tu nación azul y vegetal, la de la palabra pedernal y España en el corazón. Así es que te escribo estas líneas públicas para darte la enhorabuena por la lucidez de tu artículo; también por el valor que una vez más has demostrado. “La manera más segura de calmar a un tigre –escribió Adenauer– es dejar que te devore”. Tu has sabido enfrentarte a lo largo de toda tu vida a los tigres voraces de la dictadura.  





Carta publicada en el diario EL MUNDO.



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