sábado, 22 de septiembre de 2012

Carta de Paul Celan a Gisèle Celan-Lestrange





 "amor mío, querría saber decirte cuánto deseo que todo esto permanezca, nos permanezca, nos permanezca siempre"






    [París, ] lunes [7?.1.1952], las diez

Maia, amor mío, querría saber decirte cuanto deseo que todo esto permanezca, nos permanezca, nos permanezca siempre.
Mira, tengo la impresión al ir hacia ti, de dejar un mundo, de oír a las puertas dar portazos a mis espaldas, puertas y puertas, porque son numerosas las puertas de este mundo hecho de malentendidos, de falsas claridades, de engaños. Quiero que me queden todavía otras puertas, quizá no haya cruzado aún toda la extensión sobre la que se extiende esa red de signos que inducen al error –pero llego ¿me oyes?, me acerco, el ritmo, –lo siento – se acelera, los fuegos engañosos se apagan uno tras otro, las bocas mentirosas se cierran sobre su baba –nada de palabras, nada de ruidos, ya nada que acompañe mi paso –
Estaré ahí, a tu lado, dentro de un instante, dentro de un segundo que inaugurará el tiempo.



Paul  






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En caso de reproducción, rogamos se cite la autoría


 

    Fuentes: conviene recordar el artículo de Antonio Colinas en  El Cultural del diario EL MUNDO el 27 de noviembre de 2008, con motivo de la aparición en los talleres de la editorial Siruela de la voluminosa Correspondencia entre Paul Celan y Gisèle Celan-Lestrange. Hemos tomado como referencia la transcripción hecha por Javier Galarza en sus Notas y ensayos, uno de los espacios más interesantes y completos de la red. Galarza nos apunta que "las imágenes utilizadas por el poeta en esta carta recuerdan el mundo de Franz Kafka, sobre quien Celan estaba escribiendo un trabajo en el momento de redactar estas líneas. La imagen de las puertas volverá a ser utilizada por Celan en el Epitafio a François, primer hijo de la pareja, tempranamente fallecido", y que reproducimos aquí por su especial belleza.





Epitafio para Francois

Las dos puertas del mundo
están abiertas:
abiertas por ti
entre dos noches.
Las oímos golpear y golpear
y llevamos lo incierto,
y llevamos lo vivo a tu siempre.

Octubre 1953


Yad Vashem
No olvidar


















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