viernes, 30 de diciembre de 2011

Primer mensaje en una botella de Garret Blake a su esposa Catherine







"...y en momentos como ése sé cuál es el sentido de mi vida (...) Pero entonces, como siempre, empieza a formarse la niebla alrededor de nosotros (...) Se arrastra lentamente, (...) cercándonos como para impedirnos escapar (...), como una nube rodante, cada vez más espesa, hasta que no queda nada..."

22 de julio de 1997

Querida Catherine:


     Te añoro, amor mío, como siempre, pero hoy es más difícil porque el mar me ha estado cantando, y la canción que canta es la de nuestra vida juntos. Casi puedo sentirte a mi lado mientras escribo esta carta, y huelo ese perfume de flores silvestres que siempre me recuerda a ti. Pero ahora esas cosas no me producen ningún placer. Tus visitas cada vez son menos frecuentes, y a veces siento como si la mejor parte de mí se estuviera escabullendo lentamente..
     Pero de todos modos lo intento. Por la noche, cuando estoy solo, te llamo, y cuando más inmenso parece mi dolor, tú todavía encuentras la forma de volver hasta mí. Anoche, en mis sueños, te vi en el rompeolas cerca de Wrightsville Beach. El viento agitaba tu cabello, y la luz del sol poniente se reflejaba en tus ojos. Te veo apoyada en la barandilla, y me sobrecojo. Eres hermosa, pienso al verte, una visión que ya nunca encuentro en nadie más. Lentamente echo a andar hacia ti, y cuando por fin te vuelves hacia mí, veo que otros también te han estado observando. "¿La conoces?", me preguntan con susurros celosos, y tú me sonríes, y yo contesto sencillamente la verdad. "Mejor que a mí mismo". 
     Cuando llego junto a ti me paro y te abrazo. Ése es el momento que más anhelo. Es lo que me mantiene vivo. y cuando tú me abrazas, me entrego a ese momento, y vuelvo a encontrar la paz. 
     Levanto la mano y te acaricio la mejilla, y tú ladeas la cabeza y cierras los ojos. Mis manos son ásperas, y tu piel es suave, y me pregunto si te apartarás, pero no lo haces, claro. Nunca lo has hecho, y en momentos como ése sé cuál es el sentido de mi vida.
     Estoy aquí para amarte, para abrazarte, para protegerte. Estoy aquí para aprender de ti y para recibir tu amor a cambio. Estoy aquí porque no hay otro sitio donde estar. 




     Pero entonces, como siempre, empieza a formarse la niebla alrededor de nosotros, que seguimos abrazados. Es una niebla distante que surge del horizonte, y me doy cuenta de que a medida que se acerca empiezo a tener miedo. Se arrastra lentamente, envolviendo cuanto nos rodea, cercándonos como para impedirnos escapar. Lo cubre todo, como una nube rodante, cada vez más espessa, hasta que no queda nada salvo nosotros dos.
     Noto que se me empieza a cerrar la garganta y que mis ojos se llenan de lágrimas porque sé que tienes que marcharte. La mirada que me diriges en ese momento me sobrecoge. Siento tu tristeza y mi propia soledad, y el dolor de mi corazón, que se había quedado callado durante un rato, aumenta cuando me sueltas. Y luego extiendes los brazos y retrocedes hacia la niebla, porque ése es tu lugar, y no el mío. Quiero ir contigo, pero tu única respuesta es sacudir la cabeza porque ambos sabemos que eso no es posible.
     Y te miro con el corazón desgarrado mientras tú tu esfumas lentamente. Me esfuerzo por recordar cada instante de ese momento, por recordarte. Pero pronto, siempre demasiado pronto, tu imagen desaparece, y la niebla retrocede hacia la lejanía, y yo me quedo solo en el rompeolas y no me importa lo que puedan pensar los demás cuando agacho la cabeza y lloro, lloro, lloro. 


Garrett






Kevin Costner y Robin Wright, en Mensaje en una botella (1999), de Luis Mandoki






Fuente: Nicholas Sparks, El mensaje, Ediciones Salamandra, Barcelona 2002.
Traducción de Gemma Rovira Ortega.





Publicar un comentario