domingo, 17 de febrero de 2013

"Carta de renuncia de una puta", por Edgar Borges



                                                                

"Y en esta vida o juegas tu juego al máximo o no eres nada."




Querido Miguel

Me faltó valor para decirte cara a cara lo que te dejo escrito en esta carta. Sé que mucho te afectará mi decisión de renuncia irrevocable. Ya sé cuánto hiciste por mí desde que abandoné mi anterior trabajo de asistente contable; incluso, entre tú y yo surgió un cariño poco común en este negocio. Tú me enseñaste a ser puta y yo te enseñé a escribir cartas; vaya dúo más interesante. Ya sé que es mucho lo que debo agradecerte, y lo agradezco; en los últimos cinco años me diste dinero, confianza y seguridad. Al principio me fastidió el apodo con el que me bautizaste apenas me viste con mis lentecitos, mi falda de cuadros y mi verbo a medio camino entre intelectual y vagabunda, “La estudiante”. Luego, creo que por la capacidad de inventiva que el apelativo me dio ante los clientes, me terminó gustando. 
  Helmut Newton

Pero la cosa ya no es igual Miguel; ya nada es como antes. El burdel se ha convertido en un fastidio atómico; creo que de seguir por ese camino las beatas lo terminarán confundiendo con un convento. Ya no nos visitan los “busca huecos compulsivos”, ahora la casa se la pasa repleta de “señoritos disfrazados de lujuriosos”. Ya sabes cómo me aburre esa gente pared, la que no oye ni ve; a mí me gusta la gente sangre, la que siente y respira. Y lamento decirte que esto va de mal en peor, Migue. Ya sé que puedo parecer contradictoria, pues, antes, como a cualquier puta, me fastidiaban los “busca huecos compulsivos”, pero hoy, mientras escribo esta carta, la verdad es que los extraño. Es posible que la causa de semejante nostalgia sea la invasión de esos señoritos bien peinados y bañados en colonia importada. No puedo más Migue, estoy hasta la coronilla de estos tipejos. El negocio se fue al demonio cuando empezaron con el no hagas esto y no hagas lo otro; no fumes, no te drogues, no tomes licor, no andes en bragas por la casa. ¿Qué más nos van a prohibir Migue? Un día de estos nos van a quitar el derecho a dar el culo. O mejor dicho, el culo sólo se les podrá dar a los supervisores del Gobierno. ¡Señoritas y señores, todos contra la pared, en la mano el carnet de salud y el culo bien arriba y apretado viendo al sargento!, dirán los vigilantes de la supervisión made in fastidio. Ya sé que estos cuentos de monjas no los inventaste tú, Migue, también sé que si te opones a las normas caería sobre tu negocio una sanción y a la mierda tu sustento. 

Pero no puedo más Migue; te quiero y te deseo lo mejor del mundo, que es lo que mereces, pero no puedo acompañarte en este fastidio. El burdel se jodió, todo se jodió. Tú me conoces bien y sabes que siempre me anoté entre quienes piensan que los límites los pone uno con su cabeza y la educación que te dieron tus padres. Así no más Migue, con puritanismos no se cambia el mundo. Y los “señoritos disfrazados de lujuriosos” me provocan frigidez; si te digo la verdad Migue, yo que nunca he sido floja, con estos malandrines de poca monta me da flojera abrir las piernas. Esos tipejos hasta son brutos, no tienen calle, no tienen historia, no tienen sangre, les falta calidad. El otro día un tipejo de esos me dijo que era un libre pensador, yo, muerta de la risa, caí patas arriba en la cama. Pero, mucho rato después, cuando por fin se me calmó la moridera de risa, el muy imbécil seguía viéndose al espejo como si nada le quebrara su payasa presencia. En cambio, los “busca huecos compulsivos” eran tipos rudos y mal educados pero era unos niños malos en busca de amor. Y eso, en el fondo, también somos nosotras, niñas malas en busca de amor. Por lo menos eso, el deseo de encontrar amor, es algo mucho más sangrante que esos muñequitos vacíos. Y yo sangro Migue, tú bien sabes que yo sangro, necesito sangrar, todos necesitamos sangrar. Pero esa gente no sangra Migue, no sangra, son un fastidio. Son unos muertos ambulantes, en las venas sólo tienen aceite. 


A partir de ahora veré cómo me ganó la vida, Migue, es posible que haga una prueba de presentadora de telemercadeo o me dedique a escribir libros de autoayuda. Cualquier cosa es preferible antes de ser una puta desabrida. Recuerdo que cuando me hiciste perder el miedo al trabajo te lo dije: oye Migue, si voy a ser puta seré puta completa, puta al cien por ciento. Y ese es el gran problema de estos tipejos, Migue: son maricas a medio camino. Y en esta vida o juegas tu juego al máximo o no eres nada. Yo no quiero terminar como la pobre Paquita; por más que las muchachas digan que se ahorcó por una deuda, bien sabes Migue que las putas no nos quitamos la vida por deudas. Yo creo que Paquita se ahorcó por fastidio; últimamente mucha gente sangre se está ahorcando. Y yo quiero vivir Migue, por eso renuncio a ser puta a medio camino. Y por favor Migue, no me busques, pues jamás me reconocerías. Te juro Migue, por la madre que me parió sin fastidio y con pasión, que cuando leas esta carta, “la estudiante” se habrá evaporado entre la gente pared de este mundo aburrido. Gracias, millones de gracias mi querido Migue. Tu amiga,


La Estudiante.




Edgar Borges, por N. Riera
Edgar Borges nació en Caracas, Venezuela, en 1966. Es escritor y periodista. Su radioserie La fuga de don Quijote fue transmitida en 2005 por Radio Exterior de España, en el marco del IV Centenario del Quijote. Ha publicado los libros de relatos Sueños desencantados, Mis días debajo de tu falda y El vuelo de Caín y otros relatos, el monólogo Lavoe contra Lavoe, La tragedia del cantante y las novelas La monstrua, La mujer que jamás invitaron a bailar y ¿Quién mató a mi madre?, finalista en 2008 del III Premio Nacional de Novela Ciudad Ducal de Loeches. 




Grandes Obras de 
El Toro de Barro

 
 PVP 8 euros
edicioneseltorodebarro@yahoo.es

  llegar limpia de nombres
a tu nombre
sin gestos del pasado
ni voces que reclamen
como recién nacida
que viera por vez primera
a alguien
que no fuera su madre
sin ecos reconocibles
y poder nombrar nuestra mirada
con palabras nuevas
que contengan
la profundidad

del primer día sobre la tierra
 

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