jueves, 28 de abril de 2011

Carta de Li-Po a So-kin






"no tienen fin las cosas del corazón"


A So-Kin de Racuyo, mi viejo amigo y Canciller de Gen

Recuerdo cuando me hiciste un bar particular
En el extremo sur del puente de Ten-Shin.
Con oro reluciente y transparentes gemas pagábamos
            los cantos y las risas
Y pasábamos ebrios un mes tras otro, sin pensar en el
            rey ni los príncipes
Hombres inteligentes venían por el mar y la frontera
            occidental
Y con ellos, contigo sobre todo,
Nos entendíamos perfectamente
Y nada era para ellos cruzar el mar o las montañas
Con tal de estar en nuestra compañía,
Y hablábamos de todo, sin ocultarnos nada, y sin
            pesares.





El placer prolongado en compañía de las cortesanas,
            yendo y viniendo sin estorbos,
Con las pelusas de los sauces cayendo como nieve,
Y las chicas pintadas con bermellón, emborrachándose
            por fin al caer la tarde
Y el agua, de cien pies de hondo, reflejando sus cejas
            verdes,
–Unas cejas pintadas de verde son para verse bajo la
            luna tierna,
Lindamente pintadas–
Y las muchachas cantando y respondiéndose con cantos
            las unas a las otras
Bailando en trajes transparentes,
Y el viento alzando el canto, interrumpiéndolo,
Y zarandeándolo bajo las nubes.
                  Pero todo esto tiene fin.
                      No se vuelve a encontrar otra vez.
Me fui a la corte a presentar examen,
Probé la suerte de Layú, ofrecí el canto Choyo,
Sin lograr promoción
                  y regresé a las montañas del Este
                  con la cabeza blanca.
Y más tarde, otra vez, nos encontramos en el puente
            del sur,
Y luego el grupo se deshizo, tú partiste hacia el Norte,
                  para el palacio San,
Y si tú me preguntas cómo es que siento tu partida:
Tal como caen las flores al terminar la primavera,
                Confusamente, en agitado remolino.
¿Para qué sirve hablar? –y hablar no tiene fin,
No tienen fin las cosas del corazón.
Llamo al muchacho,
Lo hago sentarse en los talones aquí a mi lado
                A sellar esto,
Y te la envío hasta mil millas de distancia, mientras
quedo pensando.



Después fui confinando a Wei del Sur,
                    Encerrado en un bosque de laureles,
Y tú hacia el norte de Raku-hoku
Hasta no haber entre nosotros más que añoranzas y  memorias comunes
Y luego, cuando era ya insufrible continuar separados,
Volvimos a encontrarnos y fuimos a Sen-Go,
Siguiendo las mil vueltas y remolinos de las sinuosas
            aguas,
Hasta un lugar resplandeciente con millares de flores,
Que era el primero de los valles,
Y luego otros mil valles llenos de voces y del rumor
            del viento en sus pinares.
Y con sillas de plata y riendas de oro
Salió a encontrarnos el capitán de Kan del Este y su
            comitiva.
Y vino allí también el verdadero mandamás de Shi-yo,
            a darme a mí la bienvenida
Sonando un órgano de boca incrustado de piedras
            preciosas
Y en las casas de dos y más pisos de San-Ko nos
            obsequiaron más música Sennin,
Con muchos instrumentos, como en un coro de Pichones
            de Fénix.
El mandarín de Kan Chu, ebrio, bailaba,
          porque sus largas mangas no conseguían estar
            inmóviles
Con la charanga de aquella música.
Y yo, cubierto de brocados, me le quedé dormido sobre
            las piernas,
Con el espíritu tan encumbrado que me hallaba en el
            séptimo cielo,
Y antes del fin del día nos dispersamos como estrellas
            o lluvia.
Yo me tenía que marchar a So, muy lejos todavía aguas
            arriba,
Tú regresaste a tu puente del río.
Y tu padre, que era valiente como un leopardo,
Gobernaba en Hei Shu, y sometió a los bárbaros.
Y un mes de mayo te mandó a traerme,
                  a pesar de la enorme distancia.
Y con las ruedas rotas y lo demás, fue un viaje duro,
sobre caminos retorcidos como tripas de chivo,
Y yo que caminaba todavía a finales de año
                  bajo el viento cortante que soplaba del norte,
Y pensaba qué poco te preocupaba el gasto
                  y tú te preocupabas lo suficiente para pagarlo.
Y ¡qué recibimiento!
Copas de jade oro, platos bien arreglados en una mesa
            azul toda enjoyada
Y yo borracho, y sin pensar en el regreso,
Y tú caminabas conmigo hasta el extremo occidental
            del palacio
Hasta el templo dinástico, rodeado de agua, un agua
            transparente como jade azul claro,
Con canoas bogando, y el son de las armónicas y
            tamboriles,
Y las ondas parecidas a las escamas de los dragones,
            remedando el verdor de la yerba en el agua....















Esta versión de la carta de Li-Po fue creada por los poetas José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal, tomando como referencia la publicada por Ezra Pound. Nosotros la obtuvimos en http://www.facebook.com/l.php?u=http%3A%2F%2Farkanteos.blogspot.com%2F&h=f437e. del autor limeño afincado en México Marco Antonio Gonzales. Insertamos aquí ilustraciones chinas y japonesas, así como fotogramas de Memorias de una gheisa..

13 comentarios:

Belnu dijo...

Li Po es mi querido Li Bai, el de "A punto de partir"! Su espíritu me acompañó en mis viajes más aventurados. La verdad es que me inspira casi posesividad, casi estoy mosca de que otros hablen de él

elemea dijo...

Fue largo el silencio... gustosa de leer más cartas, se le extrañó!!!

Bel M. dijo...

Casi no encuentro adjetivos. Es una de las cartas de amor y amistad (y mucho más!) más hermosa que he leído, y el poema, como las cosas del corazón, se desearía que no tuviera fin.
Gracias mil por traerla aquí.

Cartas en la noche dijo...

No es fácil volver adónde uno nunca se fue, Elemea.

Cartas en la noche dijo...

Cara Belnu: es curioso la cantidad de advocaciones y nombres que poseía Li Po, cuya poesía sigue siendo hoy, en buena medida, un poco como uno de esos faroles encendidos en medio de la noche apunto de ser pasto de las libélulas...Tus palabras me recuerdan mucho algunas tardes de lecturas compartidas con el gran poeta José Corredor Matheos, a quien hace mucho tiempo edité un antología que incluía precisamente una carta abierta a LiPo...Me acabo de dar cuenta de que no la he colgado aquí...

Belnu dijo...

Sí, sí, los faroles encendidos y las mariposas nocturnas y la barcaza y las flores de loto. Justamente he escrito algo donde salía Li Qingzhao, más moderna que Li Bai, pero que heredó un poco su espíritu...
Esperaré esa carta de JCM, será la carta de Poe, la carta que no llega y a la vez sí llega.

Anónimo dijo...

Como difícil esperar la presencia y regreso de quién sigue quedándose intangible.

Hermoso aunque doloroso recordar esperando.

Verónica (chile)

Rembrandt dijo...

"...No tienen fin las cosas del corazón..."
Qué enorme placer leer esta carta de Li Po, el poeta inmortal , sin dudas uno de los grandes románticos de todos los tiempos, gracias por deleitarnos con su lectura.

Abrazos
REM

María dijo...

Me recreo en el regeso, si es que en algún momento estuviste lejos, en la intensa belleza de esta carta.
Recojo y me quedo, si me permites, con el final del texto:
"¿Para qué sirve hablar? –y hablar no tiene fin.
No tienen fin las cosas del corazón...
...Y te la envío hasta mil millas de distancia, mientras quedo pensando"
Un beso

Isabel Romana dijo...

Cómo ha transcurrido la vida en este poema: acercarse y disfrutar y separarse, una y otra vez, y transitar por caminos tan tortuosos como los intestinos de una cabra. Cuánta sabiduría en tan pocas palabras y tan hermosas. Besos, querido amigo.

Flor de la edad dijo...

Bellisimo su espacio, he leido con detenimiento algunos de sus escritos y me han causado una grata alegria.
Me gustaria hacer un enlace de su blog con el mio, con su permiso, por supuesto...
Un saludo cordial, desde Cuba.

Maria del Mar
www.flordelasedades.blogspot.com

Juan Carlos Ortega dijo...

Un final digno de Li Po. He leído el poema con placer.

Gracias.

Una sonrisa.

Mery Sananes dijo...

Carlos

Y habrá modo de comunicarme contigo? La carta para mí tal vez sea la mayor posibilidad de expresión. No tiene la obligación de atenerse a nada distinto a su pasion, sus instintos, su tristeza o su frenesí. No guarda formalidad alguna. Pero sí la premura impostergable de comunicar. Sus vías son tan disintas o disímiles como la palabra misma. Pero en su b+usqueda pueden encontarse, como tú lo haces, de las joyas más hermosas de la escritura del hombre. Es el espacio de la libertad por excelencia. Aprecio tu trabajo y lo valoro. Y te felicito por haberlo abordado como lo haces. Soy de por sí una impenitente escribidora de cartas. Y no creas que trato de venderte alguna. Simplemente compato contigo una pasión. Saludos. mery sananes